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Vivimos en un mundo en que nos dejamos llevar por lo que vemos, oímos, tocamos… en definitiva, un mundo material. En última instancia podemos llegar a pensar que todo está formado por átomos indivisibles.

Cuando reflexionamos y nos atrevemos a ir más allá de nuestras primeras impresiones descubrimos que la materia está formada por “algo”. La ciencia ya ha demostrado hace muchos años que ese “algo” se llama energía.

Todo es energía; tanto la materia que percibimos como el vacío existente en los huecos dejados por esos átomos supuestamente indivisibles. En nuestro día a día también podemos sentir y “percibir” esa energía que lo envuelve todo.

  1. Movimiento

Normalmente vivimos en modo automático, lo que quiere decir que vivimos siendo inconscientes de muchas cosas imprescindibles  para nuestra vida. La energía necesaria para que se produzca un movimiento es una de esas cosas.

Todo movimiento está creado a partir de energía, que es la gasolina imprescindible para que podamos mover un dedo, manejar una máquina o saltar hasta el aro de la canasta. Sin este combustible todo sería estático y nunca hubiera habido un inicio creador.

  1. Sentimiento

Nuestros sentimientos los percibimos como sensaciones internas que nos informan acerca de algo que debemos escuchar. Esta comunicación es necesaria para la vida e imprescindible para un sano desarrollo psicológico, físico y espiritual.

Estas sensaciones internas no son más que energía interna puesto en movimiento y que nos hace movernos hacia una resolución que bien gestionada nos aporta una guía fiel a nosotros mismos y nuestro deber.

  1. Razón

Algo denostada desde hace unos años, la razón es imprescindible para nuestro desarrollo personal y humano. No somos seres emocionales pero inconscientes, sino que nuestro neocortex nos permite reflexionar y ser conscientes.

La razón y el pensamiento generador son manifestaciones fenomenológicas de nuestra energía interna expresada mediante nuestro cerebro, el cual es el mayor consumidor de energía de nuestro cuerpo físico.

  1. Unión

Como seres sociales que somos, necesitamos tanto impulsivamente como a voluntad la unión, el contacto y la aceptación de otros seres afines a nosotros. Estas uniones están cargadas de energía.

En estos casos, la energía no sigue una relación aritmética aditiva, sino que acaba desarrollándose una relación gestáltica donde 1 + 1 son 3. La energía creada por dos amigos supera la suma de las energías de ambos individualmente.

  1. Sanación

La energía correctamente canalizada es fuente de sanación a distintos planos existenciales. Técnicas como el reiki, la acupuntura o el toque cuántico son ejemplos de este tipo de sanación energética.

De todos modos no hay que olvidar que podemos dar energía sanadora conectando directamente con nuestra fuente sin necesidad de una técnica concreta. La energía depende de nuestra intención y no de factores externos facilitadores pero no imprescindibles.

  1. Espiritualidad

Nuestra vida espiritual está llena de energía. Las experiencias cumbre o místicas que podemos sentir, la reflexión acerca de nuestro lugar en el universo o un sencilla meditación hacen mover una gran cantidad de energía (si podemos hablar de cantidades)

Hay lugares mágicos en los que podemos sentir ciertas energías que nos envuelven o momentos en los que nos sentimos las personas más amorosas del mundo que nos inducen a movernos en una dirección no física pero incluso más real que esta.

  1. Amor

Quizás la manifestación y uso más importante que podemos dar a la energía sea el Amor. También cabe decir que le energía es sinónimo de Amor. Todo es Amor. Saber gestionar este hecho nos hace ser personas plenas.

Cuando damos y recibimos Amor estamos moviendo la energía más potente del Universo. Estamos manejando el principio de nuestra existencia, los orígenes, su fin y sentido. Somos Amor: creados y creadores de Amor.

Carlos Postigo

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