Breve justificación teórica

julian bozzo

       Es común transitar por la vida con una mirada centrada en el resultado, un mirar que traduce los pasos en la caminata al final de proceso. Esa visión imprime en nuestras acciones una marca que nos obliga a encontrarle a la experiencia que supone  existir, un para qué ajeno a la praxis vivida.

¿Qué sucede cuando nos dejamos abrazar por una experiencia que nos pide ser lo que en ese momento somos? ¿Una experiencia que premia lo que mostramos en ese momento y que incluye el error como parte del éxito? ¿Y qué nos sucede cuando ese acontecimiento nace dentro del marco de lo espontáneo, cuando lo que nos rodea es imprevisible?

En lo espontáneo nos vemos. Somos capaces de conocer la realidad de nuestra esencia y no las creencias asociadas a nuestros actos. Esa imagen que nos hemos construido, al llevarla al presente y sacarla a jugar, se desvanece.

Pasa la vida, pasa lo que SOMOS en ese momento irrepetible. Pasa que nuestras palabras quieren dejar de agarrar, pasa que nuestras fantasías se desvanecen, pasa que el presente asoma una aureola de contundencia y eco. Lo que pensamos acerca de lo que debemos decir se desvanece y tan sólo decimos lo que somos. En esta propuesta tenemos una guitarra que nos empuja hacia el vacío fértil, y lo peor que nos puede pasar es quedarnos inmóviles, es no hacer nada.

Este curso nace como reacción al mundo de las respuestas establecidas, de los introyectos culturales y personales que nos dicen cómo deben ser las cosas. Este proyecto se consolida tras haber sido desarrollado durante diez años en escuelas y centros de terapias, en los que pude constatar la importancia de abrir el conocimiento al participante desde sí mismo. Es un curso que pretende asomar claves sobre el paradigma improvisativo que tanto eco y tanto cuerpo está teniendo ahora. Desde la pedagogía sistémica, la pedagogía narrativa, el psicodrama, la terapia gestáltica y sistémica se hace cada vez más apremiante  la necesidad de comprender que el conocimiento no es lo que pasa afuera ni tampoco lo que pasa adentro. Sino la relación que existe y aparece entre los agentes (intrasubjetivos y interobjetivos). Ese fenómeno precisa de un cambio de mirada. De esta manera pasamos del paradigma del VER PARA CREER al paradigma del CREER PARA VER.

El trabajo con el canto improvisado:

 

  1. Favorece la creación de un espacio de comunicación sincera al que todos acudimos con lo mismo (tanto  el facilitador como el aprendiz) rompiendo así la acostumbrada barrera que solemos sentir en los procesos de acompañamiento. Todos estamos en el vértigo. Ayuda a que el consultante no sienta la necesidad de recibir  mucho entrenamiento ni formación para “soltar”. Todos tenemos la misma sensación de miedo y vacío.

 

  1. Ayuda a percibir cómo la rigidez sometida por el imperio de las palabras se desvanece cuando cobra importancia el cómo se dicen las cosas en lugar del qué se dice. El cómo nos singulariza y potencia la creación una identidad real y sana.

 

  1. Mejora la creación de lo propio. Cualquier voz es válida, cualquier gesto es válido. No hay juicio cuando transitas por lo novedoso. Es más, si hay exigencia la creación no puede darse.

 

  1. Para que el proceso se produzca es fundamental estar conectado con uno mismo y con el grupo. Si alguien se esconde el proceso no puede darse. De esa manera, se concede más  mucha importancia en lo que uno es y no a lo que aparenta ser, favoreciendo así una autoestima mayor.

 

¿Qué es improvisar?

 

  • Muy a menudo se piensa que improvisar es no tener plan y que es la respuesta a una falta de preparación. Sin embargo, improvisar significa respirar todo cuanto hay alrededor, precisa de mucha atención, concentración y sobre todo, entrega personal. Improvisar no es venir con nada, es venir contigo. Improvisar es habitar el mundo de las respuestas novedosas. La improvisación vive en el mundo de los acontecimientos que suceden de repente. Improvisar es cambiar el foco entre la palabra futuro y devenir. Nuestra vida está compuesta de “de repentes” que nos han llevado a ser quienes somos. Nuestra idea acerca de lo que íbamos a ser cambia porque “de repente” un día nos pasó algo. Además, aunque pensemos que es hacer cualquier cosa sin motivo alguno, improvisar es precisamente lo contrario, es hacer para la vida. Es un acto generoso que para que funcione precisa sentir al otro.
  • Improvisar de afirmar. Para que una improvisación sea, es preciso afirmar. Esta metodología siempre dice “sí y además”. No bloquea el tránsito creativo. Siempre suma y establece una relación asombrosa entre creatividad y éxito, pues permite que sea el proceso el que decida qué camino tomar de manera autónoma. No se parte de ninguna premisa; se explora y todo aquello que no sirva para la construcción de algo novedoso y que nos haga sentir bien, simplemente se desecha. Pero no  se desecha desde el pensamiento, sino desde la acción.

 

  • La voz espontánea: Cuando cantas no sale una voz, sale una persona. En esto consiste el canto espontáneo. En realidad esta práctica usa los mismos esquemas que la vida cotidiana. La vida no avisa. Al estar cantando junto con un instrumento que nos obliga a caminar, el error se desvanece y el único camino es sentir tal error como aliado. Al hacerlo, disfrutamos de la acción, del ser en la acción. Y nos comprendemos acometiendo una  acción y no pensándola.

 

¿Cómo se trabaja con la improvisación terapéutica?

 

      Trabajar desde lo fenomenológico requiere una serie de entrenamientos. La improvisación habita en el reino del aquí y ahora. No podemos improvisar si tenemos nuestro cuerpo dividido. Para ello tenemos que ser capaces de integrar y aceptar todas las emociones que nos inundan en ese momento y hacerlas sentir partícipes del proceso. Es frecuente querer esconderlas, presentarse frente a una situación novedosa y querer poner distancia a través del ego. Sin embargo, la improvisación precisa nacer de lo real, de lo que cada uno trae. Si no nos permitimos abandonarnos a la realidad que vivimos, no podemos generar una improvisación limpia y real. Para ello es importante tener claro que esconderse, evadirse o no entregarse no facilita la creación ni la entrega a la vida. Respirar, sentir que tomas el aire de la sala para transformarla en canción o escena, sentir que recibes para dar, sentir que sólo estas ahí casualmente nos ayuda a quitarle la excesiva rigidez y solemnidad que a menudo la damos al hecho  estar vivir.

 

 Con la propuesta  se pretende:

 

–                    Hacer sentir cómo las palabras no son sólo brazos ejecutores de nuestros deseos, sino que nuestra palabra tiene sentido dentro de sí. Nos dice más el susurro que viaja con ellas, que la palabra misma.

–                    Permitir comprender cómo el error es parte del éxito. Suavizar la excesiva rigidez que solemos tener a la hora de empezar algo nuevo/distinto.

–                    Acercar la idea de que lo peor que te puede pasar en la vida es que no te pase nada. De esta manera trabajamos la diferencia que hay entre la zona de confort (donde habita el cansancio y la apuesta por la comodidad) y la zona de aprendizaje (donde habita el miedo y la apuesta por lo diferente).

–                    Permitirnos sentir todo lo que somos. No dar supremacía a las emociones comúnmente llamadas positivas y dejar que se manifieste el amplio abanico emocional que nos abraza.

–                    Conectar con la sorpresa. Al ser un curso improvisado no tenemos tiempo para pensar lo que debemos decir, tan sólo decimos. De esta manera no hay tiempo para “quedar bien con el otro”. No salen palabras desde el mecanismo del querer explicar, sólo palabras vinculadas a partes de nuestra orbe personal que hasta ahora no habían podido salir

–                    Aceptar la voz. Decir que solo los que tienen buena voz pueden cantar es como decir que sólo los guapos pueden amar. En parte somos nuestra voz. Aceptarla y hacerla sentir como parte nuestra.

–                    Conocer los mecanismos de la exigencia. Trabajar desde lo que me hace sentir. De esta manera se pretende hacer conocer como la exigencia habita al mundo de la negación,  donde todo es “No”, donde todo es “de una manera”. La improvisación vive en el reino de la afirmación constante en el que su puro motor nos lleva, per se, a mundos inexplorados. La exigencia desdibuja el placer del pasear y busca en cada momento un porqué.

 Mas información sobre los talleres de Julián Bozzo en http://www.vidaes.es/taller-encuentrate-con-tu-voz.php