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Ayer tuve una de esas escenas típicas de autobús. Esperando a que abriera las puertas, se acercan dos señoras y con todo el descaro se plantan delante y suben las primeras. Al comentarles cómo se sentirían por su actuación, me comentó una de ellas que ella “ya no tenía conciencia de esa”.

De estas palabras se pueden sacar muchas conclusiones. Por de pronto, la primera que me vino a la cabeza es la capacidad de autoengaño que tenemos las personas. ¿Cómo podemos creer siquiera que no tenemos conciencia?, ¿qué recursos activamos para que así lo creamos? Independientemente de los diversos debates acerca de la conciencia, sí creo que tengamos mecanismos para no autoengañarnos, poder sentirnos bien con nosotros mismos y nuestra actuación y permitiéndonos descansar por las noches.

1. Perdona Quizás sea muy insistente con este tema, pero es uno de los umbrales más prácticos y efectivos para poder entrar en el reino de la tranquilidad y la paz. El perdón nos libera y por tanto nos deja descansar del peso transportado. Perdonando, perdonándonos y pidiendo perdón son actos que nos ayudan a conectar con nosotros y nuestro(s) sueño(s).

2. Agradece Nuestra arrogancia, vanidad y prepotencia nos conducen a un sendero de tensión, desarmonía constante e insatisfacción con la vida. Revelarnos contra la realidad y sus regalos y presentes es vivir de los nervios constantemente. Dar gracias nada más acostarnos en la cama nos hace sentir nuestra humilde presencia en esta vida y aceptarla con amor.

3. Aprende  Que no pase un día en el que no aprendas algo nuevo, aunque acaso ¿es eso posible? Quizás podamos no ser conscientes de lo que aprendemos, pero ¡siempre aprendemos! El truco está en estar presente y estar atento a los diversos aprendizajes. Ser conscientes de lo que aprendemos nos hace descubrir los secretos de la vida ocultos a una vida de ceguera.

4. Ama Por supuesto que no puede faltar el ingrediente más importante en la receta para cocinar nuestro descanso nocturno. No solo es amar a nuestra pareja, hijos, padres, sino estar receptivos y entregar nuestro sentimiento de Amor. Amando nos expandimos hacia lo otro y los otros. Nos convertimos en fuentes y aljibes de beatitud.

5. Evoluciona El agua estancada se pudre y nuestras vidas son como los ríos que van a dar a la mar. Si nos quedamos retenidos en una presa cerrada a cal y canto, no podremos seguir nuestro curso y esa podredumbre nos llenará el alma. Crecer, desarrollarnos, avanzar en la vida nos hace darle un valor y entender los porqués de nuestra existencia.

6. Misión Cuando tenemos un para qué, sentimos la paz del deber cumplido y la misión a cumplir. El pasado y el futuro se unen para dar sentido al presente. El dharma nos teje la colcha con la que descansar por las noches. Nuestra humildad al aceptar esta misión nos hacer convertirnos en seres divinos en unión inquebrantable con Dios.

Carlos Postigo