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Al que más o al que menos, a todos nos gusta la luz. Es lógico, nos calienta, nos alegra, nos ayuda a ver y nos salva de muchos miedos. La luz es vida, es amor y es punto de unión. Es un dicho que en los países más cálidos son los más sociables.

Esta luz no solo es una fuente de energía externa, sino que además también la podemos encontrar dentro de nosotros. Quizás sea una luz diferente, más sentida y vivida que algo tangible que poder analizar.

Como todos sabemos, el opuesto de la luz es la oscuridad. Pero aquí hay que hacer una parada. Ser su opuesto no quiere decir que se suponga su existencia tácitamente. Es decir, así como la oscuridad presupone una luz, la existencia de esta luz no presupone que haya oscuridad. Aunque la lógica nos dice lo contrario, el corazón nos asegura que solo hay Luz.

Nuestra psique, mente, alma… está formada por este par de opuestos. Metafóricamente hablamos de Luz a nuestra parte más positiva, amorosa, creativa, solidaria, clara, constructiva… y de oscuridad a esa zona desconocida, irracional, ilógica, perversa, monstruosa, dolorosa…

La Luz nos ayuda a darle un sentido a nuestra vida, a poder amar y entregar nuestra existencia a otra persona, cuidar de nuestros familiares, desear y soñar con un mundo mejor. Nos permite avanzar y sentirnos parte del Universo.

En cambio la oscuridad nos genera ansiedad en nuestro día a día, angustia en nuestro deambular, nos volvemos más egoístas, cerramos nuestras puertas y decidimos vivir en la negatividad.

Si nos damos cuenta, todos estos síntomas de la oscuridad parten de un hecho común: en el fondo hay miedo a lo desconocido, miedo a ver la luz. Todos estos sentimientos son generados por no vernos lo suficientemente valientes para adentrarnos en esa oscuridad y abrir los ojos dentro de ella.

Pero, ¡ay si lo hacemos! El primer paso, una vez superado el terror a la decisión de entrar es de estupefacción. Vemos todo un mundo lleno de posibilidades ilimitadas, espacios infinitos donde la imaginación y los sueños no tienes barreras y nuestro Ser más auténtico está sentado sonriendo esperando nuestra llegada.

Descubriremos que detrás de acontecimientos dolorosos y amargos, se esconde una situación con sentido, unas personas que actuaron lo mejor que supieron en esos momentos y a nosotros mismos comportándonos como auténticos seres humanos.

Veremos que tras el trauma y la herida hay experiencias que nos hicieron crecer, aprendizajes que nos dotaron de sabiduría y la visión y contacto con un Ser que va más allá de la apariencia que vemos en nuestro espejo.

Ese YO auténtico está cobijado esperando a que saquemos el machete de la valentía y el valor y comencemos a cortar las malas hierbas que nos impiden el paso: rompiendo viejos patrones, perversos recuerdos y falsas creencias.

No olvidemos que tras la oscuridad hay unailimitada fuente de Luz que nos une al cosmos y nos aporta la energía vital necesaria para seguir nuestro camino de evolución y ascensión.

Carlos Postigo

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