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En nuestro día a día concebimos la muerte como una despedida de la vida normal, el fin de nuestra existencia. Nuestro cuerpo se apaga, dejamos de respirar y el corazón deja de latir. Nuestro plano físico se desintegrará de diferentes maneras bien siendo incinerados, enterrados o dejados a otros fines.

Nos imaginamos entrando en su sueño eterno, en una nueva existencia en la que ya nada será igual a lo que hemos conocido en esta vida. Aunque a decir verdad, esta visualización es muy difícil de mantener, puesto que concebir la eternidad y otros aspectos de este tipo de muerte supera nuestras capacidades cognitivas.

A pesar de la existencia de este tipo de muerte, no podemos dejar de afirmar que hay otras formas que conllevan una profunda transformación. Estas muertes trabajan en distintos planos como veremos a continuación.

  1. Las Muertes En Vida

A lo largo de la vida vamos sufriendo cambios en nosotros que nos obligan a dejar atrás formas de ser, pensar, sentir y actuar para poder sobrevivir o vivir a las nuevas circunstancias tanto externas como exigidas desde dentro de nosotros mismos.

Estos cambios nos obligan a matar lo que una vez fuimos y ya no podremos volver a recuperar. Realmente, si somos perspicaces, podremos darnos cuenta que este tipo de muerte está continuamente ocurriendo, de donde podemos decir que vivimos en una muerte continua.

  1. La Muerte Del Des-Conocimiento

Cada persona tiene su propia evolución y desarrollo tanto a nivel físico, psicológico y espiritual. Por tanto, unos antes y otros después llegamos a tener ese momento de despertar y lucidez en la vida en la que nuestra conciencia se expande y tenemos pequeños vislumbres de una realidad más real.

Este despertar supone la muerte de un estado de ignorancia, sueño y oscuridad en el que hemos basado nuestra vida. Esta transformación es una muerte placentera, en la que nuestros sentidos se abren a la vida y tomamos contacto con nuestro Ser más profundo y el Amor.

  1. La Muerte del Ego

El ego no quiere morir, eso lo sabemos todos. Pero nosotros, por nuestra parte nos empeñamos en que así sea, lo cual nos hace vivir en una pelea continua entre ambos contendientes. Realmente, a veces nos cuesta entender que este deseo de muerte es parte de ese ego que al querer luchar contra sí mismo no quiere dejar de morir.

Esta muerte del ego es un fin al que solemos aspirar. Podemos llamarlo Liberación, Iluminación, Despertar… y supone un logro del espíritu en su camino de evolución y aprendizaje.

  1. La Muerte De La Conciencia

Volviendo al final del principio, debemos plantearnos también qué muerte sufre nuestra conciencia cuando nuestro cuerpo se apaga. Esta conciencia sufrió una muerte en nuestra concepción para acabar viviendo una muerte más en nuestra desintegración física.

Al desintegrarse la materia del cuerpo, la conciencia deja atrás un estado necesario en su camino pero innecesario para futuras etapas. Su existencia es un “ser continuamente” donde ver la muerte como algo distinto de la vida no tiene sentido.

Carlos Postigo

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