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Hace unos días mantuve una conversación con un amiga acerca de quiénes somos realmente. Ella me hablaba que lo que somos es un conjunto de máscaras y que según las circunstancias utilizamos unas u otras máscaras.

Pero no solo somos un conjunto de máscaras. Por supuesto que las tenemos y que son necesarias para vivir y relacionarnos en sociedad y adaptarnos al ambiente, pero no tenemos que perder la perspectiva real de nosotros mismos.

A esta amiga la interrogué acerca de lo que sustenta esas máscaras y su respuesta varió entre que solo somos ese conjunto de máscaras y nuestro cuerpo físico. Es decir, interpreto que entre el cuerpo y las máscaras hay un hueco inclasificable que no vacío.

Si existe ese hueco, ¿de qué está compuesto? Hoy en día ya sabemos que el vacío no existe como tal y que está compuesto por algo. Entonces, ¿de qué está compuesto ese hueco que está detrás de nuestras máscaras?

Mi perspectiva partía de la existencia de un YO que está detrás de esas máscaras y que es la esencia y realidad de nuestro ser y existencia. Pero ese YO no tiene una definición racional y descriptiva: es más bien una intuición.

Y quizás sea en este punto donde nuestras diferentes perspectivas coinciden, en un vacío inmaterial, infinito e inteligible y por tanto cerrado a la razón más analítica, solo alcanzable desde la intuición.

Pero esta es la grandeza y la miseria de la razón: es capaz de alcanzar el fin sin llegar a hacerlo suyo, penetrar en su esencia y hacerse uno con la realidad. La intuición es la llave que abre la puerta del cobertizo que la razón no puede abrir.

Solo esta intuición puede entender, comprender y hacernos vivir en unidad con la totalidad y sentir ese YO que está detrás de todas esas máscaras con las que vivimos habitualmente. Esa intuición y ese YO son las dos caras de la misma unidad.

Alcanzar, sentir y escuchar esa intuición es el objetivo que debemos marcarnos en nuestro camino vital. Vivimos ciegos e ignorantes en un gran teatro en el que vivimos soñando, queremos huir pero no nos sentimos lo suficientemente meritorios para dar el paso.

La sola sensación de vivir en un sueño o teatro debe bastar para darnos cuenta que lo que vivimos no nos corresponde y que por tanto somos alguien/algo que tiene necesidad de salir de la obra y ser uno mismo.

Esa necesidad es la expresión del YO que está detrás de las máscaras con las que nos identificamos y en las que nos escondemos habitualmente ante el temor se ser nosotros mismos.

Escuchemos esa voz que habla dentro de nosotros y que muchas veces contradice e incluso puede llegar a romper los argumentos racionales más y mejor elaborados que jamás hayamos escuchado o construido.

Esa voz es el YO que está detrás de las máscaras, que las dota de existencia y las moldea según su plan. Ese YO eres tú mismo.

Carlos Postigo