Todos llevamos puesta una mochila que vamos llenando desde que nacemos con cada una de nuestras experiencias. A veces esa mochila es fácil de llevar y no nos damos cuenta siquiera de que la tenemos puesta, pero en otros momentos de nuestra vida se nos hace pesada y nos impide avanzar, lo que empieza a hacernos conscientes de su existencia y también de nuestra necesidad de aligerarla.

 

Las Constelaciones Familiares nos permiten ir rebajando el peso de nuestra mochila y lo hacen enseñándonos a sanarla de forma amorosa, a través de un trabajo de consciencia y compasión que vamos realizando nosotros mismos. Son una invitación a la meditación y a la conexión con la vida que nos lleva a una verdadera alquimia interna, que transmite sus efectos beneficiosos hacia afuera de nosotros y transforma nuestra vida.

 Las Nuevas Constelaciones Familiares nos ayudan a estar más en el presente y a decidir disfrutar de todo lo que este nos ofrece, orientándonos hacia el futuro con más poder y responsabilidad sobre nosotros mismos y sobre las cosas que nos suceden.

 

Para mí son un sinónimo de transformación y plenitud, de sanación y de amor incondicional, un camino que empieza por aprender a amarnos a nosotros mismos para lograr amar también todo lo demás. Un camino que a mí me ha conducido a la abundancia, a la coherencia, a la armonía en mis relaciones y a un profundo despertar espiritual.

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