Ni bien comencé mi experiencia con reiki unos de mis primeros pacientes fue mi hijo, un niño enérgico e inquieto como la mayoría de los niños. Lo asombroso fue que a pesar de su incansable energía con la práctica de reiki se dormía en tan solo 5 o 10 minutos. Cuando era pequeño solía colocar mis manos donde más le agradaba recibir la energía y a medida que ha ido creciendo lo disfruta cada día más.

Lo primero que noté era que el reiki era lo más efectivo a la hora de relajarlo, lo tranquilizaba de inmediato. Lo hacía sentir genial y disfrutábamos los dos, de hecho se fortalece el vínculo porque no hay nada mejor que compartir momentos de bienestar con tus hijos.

A medida que fue creciendo y comprendiendo mas lo lleve para que mi maestro lo iniciara y hasta hoy el se hace reiki cuando lo necesita, es verdad que prefiere que yo le dé una sesión a dársela él a sí mismo. Siempre es más agradable que te mimen.

Es genial a la hora de dolores de tripa, cuando están malitos, cuando se golpean o lastiman, cuando están  ansiosos o tristones. Es una técnica muy bonita para compartir con los más pequeños de la casa.

Mi hijo también disfruta mucho con la combinación de la relajación guiada junto con reiki. Duerme como un bebé y a la mañana siguiente se levanta fenomenal y muy feliz.  Hoy ya tiene 10 años y puede escuchar su cuerpo, reconocer cada vez más sus emociones y saber que le hace sentir bien.

Si tienes algún nivel de reiki te recomiendo que aproveches al máximo esta herramienta con los más pequeños.

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Que tengas un maravilloso y enérgico día!

Malena